Aloha

Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir.

El jefe indio Seattle sabía ser irónico, desde luego. En su carta al gran jefe de Washington, no sólo demuestra un elevado conocimiento de la esencia de la vida, sino que pone en evidencia al civilizado hombre blanco y todos los valores que supuestamente nos definen.

Supuestamente.

Al gran jefe indio, al lado del cual instalaría mi tipi sin dudarlo, se le olvidaron unos cuantos factores a la hora de juzgar al hombre blanco y todo su ensamblaje vital. Digamos que se saltó alegremente el hecho de que no hay búfalos en todas partes, por ejemplo. También pasó por alto que el hombre no es un animal, sino un Sapiens Sapiens que inventó lenguajes, herramientas, trenes, y ciudades. Esta evolución, sin embargo, no es inventada, sino tan natural como el mismo búfalo. Nuestra naturaleza es de la naturaleza. Como buen salvaje y mal antropólogo, el gran jefe indio hizo una enorme categoría, “hombre blanco”, con la cual díganme que tenía que ver el pobre maquinista del tren, que seguramente preferiría estar en su casa al lado de un buen fuego.

He tenido que empezar a estudiar Antropología para entender esta perspectiva, porque el error es no entenderlo. Ojalá fuera todo tan fácil y el gran jefe indio tuviera razón. Que la tiene. Pero todo es más complejo.

El decano y antropólogo Honorio Velasco lo explica:

El reconocimiento de la diversidad no implica tan sólo un conocimiento de las múltiples formas de organización que adoptan las sociedades humanas, de la variedad de prácticas sociales y del espectro tan sorprendentemente amplio de creencias que mantienen las sociedades y grupos, también es un compromiso por el que se otorga la misma condición de seres humanos a todos los miembros de otros grupos, por dispares que sean sus comportamientos respecto a lo que se considera normal o normativo en una sociedad determinada. El reconocimiento de la diversidad cultural supone por tanto la posibilidad de comprender, de empatizar con otro ser humano y en el fondo se asienta en la unidad psíquica de la humanidad.

Desde aquí iré aportando y exponiendo pequeñas dosis de conocimiento antropológico. Disfrútenlas, debátanlas, piénsenlas, retuérzanlas. Rousseau decía “El hombre es naturalmente bueno, es la sociedad que lo corrompe”. Contradictorio, cuanto menos. Demos vueltas a la rueda.

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