Los Papalagi y el tiempo

Los Papalagi nunca están satisfechos con su tiempo y culpan al Gran Espíritu por no darles más. Sí, difaman a Dios y a su gran sabiduría dividiendo cada nuevo día en un complejo patrón, cortándolo en piezas, del mismo modo que nosotros cortamos el interior de un coco con nuestro machete. Cada parte tiene su nombre. Todas ellas son llamadas segundos, minutos u horas. El segundo es más pequeño que el minuto y el minuto más pequeño que la hora. Pero todos ellos ensartados juntos forman una hora. Para hacer una hora, necesitas sesenta minutos y muchos, muchos segundos.

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Porque los Papalagi siempre están asustados de perder su tiempo, no sólo los hombres, sino también las mujeres y hasta los niños pequeños; todos saben exactamente cuántas veces el sol y la luna se han levantado desde el día en que vieron la gran luz por primera vez. Sí; juega un papel tan importante en sus vidas, que lo celebran a intervalos regulares, con flores y fiestas. Muy a menudo he observado que la gente tenía que avergonzarse por mí, porque me preguntaban mi edad y yo empezaba a reírme y no la sabía. «Pero tú tienes que saber tu propia edad». Entonces guardaba silencio y pensaba: es mejor para mí no saberla.

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¿Cuántos años tienes?, significa cuántas lunas han vivido. Examinar y contar de ese modo está lleno de peligros, porque así se ha descubierto cuántas lunas suele vivir la gente. Entonces guardan eso en la mente y cuando han pasado una gran cantidad de lunas, dicen: «Ahora tengo que morir pronto». Se vuelven silenciosos y tristes y, en efecto, mueren después de un corto período.

En Europa hay realmente poca gente que tenga tiempo. Puede incluso que ninguna. Ésa es la razón por la que la gente corre por la vida como una piedra lanzada. Casi todos mantienen sus ojos pegados al suelo cuando caminan y balancean sus brazos para llevar mejor el paso. Cuando alguien les para, le gritan malhumoradamente: «¿Por qué me has parado? No tengo tiempo,

¡Haz buen uso de tu propio tiempo!» Parece que piensan que un hombre que camina rápido es más valiente que uno que camina despacio.



Hay un libro, y también un alguien que ha colgado todo esto aquí. Os recomiendo encarecidamente su lectura. Es breve y tiene dibujos 😉

Escribo esto mientras debería de estar mandando mails, de camino a oviedo, de camino a un café donde he quedado, de camino a avilés, llamando por teléfono, maquetando, estudiando, recogiendo el caos de mi casa. Pero cuanto más tengo que hacer, más me apetece mandarlo todo a la mierda y largarme a Papua Nueva Guinea, a que el gran jefe Tuivaii me explique como, por favor, cómo puedo dejar de ser una maldita papalagi.

Hoy he anulado tres citas y llego tarde a la de la tarde. Luego voy a ir a yoga, enroscarme en mi esterilla, y marcharme solo cuando Sung – el temible coreano, cinturón negro mil de Taekwondo, afable como una galleta de chocolate y duro como un diamante de adamantium- me eche a patadas. De verdad.

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Reciprocidad negativa

De mi libro de antropología económica [MORENO FELIU, P. (2004): Entre las gracias y el molino satánico, Madrid, UNED]:

El caso extremo de Auschwitz nos brinda, por una parte, una amplia gama de matices y complejas articulaciones de diversos órdenes de moralidad en conflicto, de transferencias de recursos y jerarquías de poder. Por otra, muestra la utilidad de un concepto de reciprocidad que incorpore la faceta negativa de las relaciones recíprocas.

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La iniciación de un prisionero el campo de Auschwitz se produce mediante un ritual de llegada en el que el prisionero es despojado de todas sus ropas, calzado, paquetes, joyas, objetos persobales, cabellos e incluso de su nombre. Luego les darán un uniforme desparejo o ropas  ya usadas y unos zuelcos de madera. Un prisionero no podía poseer ningún objeto personal: si alguno ha logrado ocultar una fotografía de sus seres queridos y esta es descubierta por algún kapo,  jefe de barracón o guardián, el prisionero no solo perderá su recuerdo, sino que será severamente golpeado. Durante el primer reparto de sopa el prisionero observará que los otros tienen cucharas y escudillas, y ellos no: las han organizado. […] Toda posesión de objetos estaba prohibida pero era necesario proveerse de algunos para subsistir.

aus1Judíos de los subcárpatos seleccionados para morir en Auschwitz-Birkenau esperan en un claro antes de ser llevados a las cámaras de gas.

“Robar se convirtió en un arte, una virtud, algo para enorgullecerse. Le llamabámos organización. Había muchos que organizaban la ración de pan del vecino, sin tener en cuenta si podría morir de hambre, o los zapatos del compañero de cama sin importarles si unos pies sangrantes les condenaban al crematorio. Robando pan, zapatos, agua, robabas una vida para ti mismo incluso a expensas de otras vidas” (Perl 1979[1948]:76-77)
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“Organizar” parte de lo inverso de dar: quitar, procurar, obtener, coger, tomar, robar. 

Si tuviera más tiempo, os contaría más cosas. No lo tengo. Os dejo con una foto jovial y festiva, a pocos metros en el espacio-tiempo de la anterior.

aus21El pie de foto original reza “llegada de la lluvia desde un cielo claro”. Qué dulce.
La foto es de Karl-Friedrich Höcker –  en el centro, oficial de las SS adjunto a Richard Baer  – y unas amiguitas. Hoecker murió en el año 2000, aún proclamando que no había tenido nada que ver con el campo de exterminio de Birkenau. Durante su alegato final en 1945, dijo : “…no tuve nada que ver. No tenía poder para intervenir en esos hechos de ninguna de las maneras…ni los provoqué, ni los llevé a cabo. No hice daño a nadie ni nadie murió en Auschwitz por mi culpa”.

Claro que sí, pelillos a la mar.

No se pierdan la curiosidad de comparar los dos álbumes que hay de Auschwitz, uno del tipejo de arriba y sus fiestecillas en su pequeño paraíso, y el ‘Auschwitz Album’, que documenta la llegada, selección y procesamiento de los judíos en Birkenau. Ambos en http://www.ushmm.org/.